
Los perfumeros son un detalle muy lindo para tener en casa. Lo puedes poner con la ropa para mantener un perfume rico en tu ropa, o simplemente como decoración. Son muy prácticos y sencillos.
El perfume es una mezcla que contiene sustancias aromáticas, pudiendo ser éstas aceites esenciales naturales o esencias sintéticas; un disolvente que puede ser sólido o líquido (alcohol en la mayoría de los casos) y un fijador.
Utilizado para proporcionar un agradable y duradero aroma a diferentes objetos pero, principalmente al cuerpo humano, La cantidad de alcohol depende del tipo de preparación al que vaya dirigido. Normalmente, la mezcla se deja envejecer un año.
La mayor parte de las esencias ya existen completamente formadas en la planta o vegetal; sin embargo, otras no preexisten sino que se forman por la acción del agua sobre determinadas partes del vegetal por cuya acción se combinan ciertos elementos que se encuentran en las células y determinan la formación de la esencia.
El arte de la elaboración de perfumes nació en Egipto, fue desarrollado por árabes y romanos y desde España se reintrodujo en Europa durante el Renacimiento. Fue en Francia, hacia el siglo XIV, donde se cultivaron flores para elaborar los perfumes, permaneciendo ésta desde entonces como el centro europeo de diseño y comercio en perfumería.
Esta cita sirve para reflejar la importancia del perfume como sinónimo de pureza y exaltación divina (cuando se abrió la tumba del faraón Tutankamon se hallaron más de tres mil potes con fragancias que aún conservaban su olor a pesar de haber permanecido enterradas por más de 30 siglos).
Las mujeres de la alta sociedad acostumbraban a ponerse debajo de las pelucas que habitualmente llevaban, unos conos fabricados con grasa de buey impregnada de diversos perfumes. Este pegote se iba fundiendo con el calor corporal y del ambiente al mismo tiempo que perfumaba el cuerpo de quien lo portaba.
Debe haber sido engorroso e incómodo, porque ninguna civilización posterior hizo uso de él, De cualquier forma, se ha dicho que en su vida cotidiana, el pueblo egipcio fue el más limpio (o el mejor perfumado) de la historia.
Egipto no tardó en tomar de los sumerios la idea de la escritura y todo lo referente a la cosmética. Los sacerdotes literalmente fumigaban sus oraciones con perfumes –que ellos mismos elaboraban-, empleando olores fortísimos que favorecían la elevación del alma: mirra, resina de terebinto, gálbano, olíbano, láudano...
Los aceites perfumados, los ungüentos y las pinturas también formaban parte del rito: muy temprano por la mañana, cada sacerdote procedía al aseo de las estatuas divinas untándolas con ungüentos y maquillando sus rostros (los de las estatuas y los propios). Así obtenían la protección de los dioses y se aseguraban un tranquilo y seguro paso al más allá. Justamente esta creencia es la que explica la práctica del embalsamamiento: conservar intacto el cuerpo en sustancias perfumadas para entrar así en el cielo de los egipcios.